Actividades‎ > ‎2010‎ > ‎

18/07/2010 Salida Botánica Baños-Hospital de Benasque

publicado a la‎(s)‎ 2 ene. 2012 6:10 por admin fhb   [ actualizado el 2 ene. 2012 6:25 ]
III Jornadas Botánicas

18/07/2010 Salida Botánica Baños-Hospital de Benasque

El domingo 18 amanece sin una nube a la vista, la suave excursión de hoy debe finalizar lo antes posible ya que nos espera el Restaurante Fuenroya del Hospital de Benasque para poner punto y final a estas III Jornadas Botánicas organizadas por la Fundación Hospital de Benasque. Por ello decidimos realizar la salida desde Baños hasta el Hospital, por el antiguo camino utilizado en el siglo XVIII cuando transportaban por este camino desde el bosque de Paderna la madera necesaria para construir los Baños de Benasque.

La salida la iniciamos desde el aparcamiento de Baños, donde parte una senda que sin apenas desnivel nos llevará hasta el Hospital de Benasque. La senda se inicia atravesando un canchal de rocas silíceas provenientes del Barranco de Alba. Apenas dados los primeros pasos encontramos un pequeño sedun de flores amarillas y que apenas asoma de entre las rocas, Sedum annuum; o una gran umbelífera llamada coscoll (Molospospermum peloponnesiacum), que en el Pirineo aragonés únicamente se encuentra en su zona oriental y en la localidad de Torla. La senda está marcada por una sucesión de matas de boj (Buxus sempervirens ) destacando el verde de sus hojas del color rojo de las rocas.

Fuertemente ancladas en la glera asoman varias especies de árboles como tejos (Taxus baccata) o pudieras (Rhamnus alpina). También encontramos cuatro especies de porte arbustivo, dos Rubus y dos Ribes: la frambuesa o chordonera (Rubus idaeus) que nos alegrará con sus frutos por Agosto y otra especie más escasa, Rubus hirtus con sus inconfundibles espinas rojas. Entre los groselleros vemos la tremoncillera (Ribes alpinum), y Ribes petraeum.

Las rocas y piedras poco a poco van siendo más escasas y van apareciendo las especies que necesitan otro tipo de sustrato donde asentarse, como un jopo que parasita a los eléboros, Orobanche haenseleri; también crecen junto a la senda algún avellano (Corylus avellana), Teucrium pyrenaicum –endemismo del Pirineo oriental- o dos especies de senecios de flor amarilla, Senecio adonidifolius y Senecio pyrenaicus. No quiero olvidarme de la primera azucena silvestre del día, Lilium martagon o de una compuesta amarilla, Solidago virgaurea, comúnmente llamada vara de oro.

Frente a nosotros y al otro lado del Ésera se abre el valle de Lliterola, a su izquierda la Tuca del Dalliu y a la derecha las Tucas de Lliterola. Un poco más a la derecha podemos ver como se desparrama la espectacular cascada de Aigüespases. La senda se adentra en un bosque de pino negro y en su mantillo aparecen dos pequeñas especies: otro pequeño peralito, diferente al que vimos ayer, Orthilia secunda y una pequeña hemiparásita, Melapyrum pratense. Mirando con detenimiento observamos los cuatro pétalos de la flor de Thesium alpinum, que la diferencia de la que ayer vimos, Thesium pyrenaicum, ésta con cinco pétalos.

Poco a poco el terreno va cambiando y pasa de silíceo a calizo, nos estamos acercando a los primeros contrafuerte del Alba. En unos grandes bloques erráticos aparece la oreja de oso, Ramonda myconi endemismo del Pirineo español y francés (Gavarnie), aunque José Vicente nos comenta que recientemente se ha encontrado también en la Sierra del Montsiá (Tarragona).

Se trata de una reliquia de la época preglaciar, Era Terciaria, cuando teníamos un clima tropical por estos lugares y que se parece mucho a la violeta africana (Saintpaulia ionantha). Adaptada tanto al frío como a épocas de sequía, tiene la facultad de que cuando aparece como marchita se vuelve a rehidratar con el agua de lluvia que absorbe a través de la epidermis foliar, lo que le permite ocupar terrenos sin apenas suelo.

A mitad del recorrido debemos cruzar el barranco normalmente seco. Bajo nuestros pies tenemos la surgencia de Fuens de Alba, que forma parte del Sistema de Alba. Conjunto de cuevas, galerías subterráneas cuya entrada está situada en el llamado Bujerín de Alba, situado unos quinientos cincuenta metros por encima de donde nos encontramos finalizando tras recorrer más de mil cien metros en la llamada Cueva de Alba.

Estamos en una zona de roca caliza con un suelo muy húmedo, donde los megaforbios abundan y entre las especies que forman parte de ellos encontramos Adenostyles alliariae subsp. hybrida, siendo esta subespecie un endemismo pirenaico-cantábrico, o el ababol amarillo, Meconopsis cambrica. También grandes umbelíferas como Heracleum sphondylium o Angelica razulii, destacando entre todas la Valeriana pyrenaica. Frente a la surgencia tenemos dos grandes matas de una escasa compuesta semejante a los cardos o las alcachofas de nuestros huertos (Cynara cardunculus y Cynara scolymus), Leuzea cynaroides que es un endemismo del Pirineo.

En la roca encontramos especies rupícolas que se asientan en terrenos calizos como Hypericum nummularium, Phyteuma charmelii, Bupleurum angulosum, Saxifraga longifolia, entre otras, además de las que ya vimos en la roca de la Ermita de la Virgen de las nieves Globularia repens, Saxifraga media o Lonicera pyrenaica. Como rareza también se encuentran enclavadas en las grietas de la roca algunas matas de Linum alpinum, que al final de la senda veremos formando toda una pradera. Se trata de una especie rarísima en Aragón, únicamente la encontraremos en el Valle de Ansó y en este lugar de Benasque.

Todavía nuestros pasos recorren el bosque de pino negro, algunas hayas (Fagus sylvatica) suben por el barranco. Entre las Gorgas de Alba y las Fuens de Alba existe una pequeña población de hayas que junto a las del valle de Estós son las únicas de Benasque. Ya hace un rato que han ido apareciendo las aguileñas, plantas con flores azules y con espolones recurvados semejantes a las garras de las rapaces. Hasta ahora todas han sido Aquilegia vulgaris, pero no tardamos en encontrar a la otra, la Aquilegia pyrenaica, endemismo del Pirineo central y que se diferencia de la anterior en que tiene los espolones rectos.

El bosque de pino negro se hace más ralo, por lo que la senda transita entre sus claros, prados y pastos pedregosos. A nuestra derecha de nuevo aparece el Linum alpinum al que acompañan numerosas matas de Campanula glomerata y Aster alpinus. Pero lo que buscamos en la azucena del Pirineo, Lilium pyrenaicum. Es un poco tarde y las matas que vemos están ya en flor.

Mientras buscamos una en flor van apareciendo otras plantas curiosas como dos grandes gencianas amarillas, Gentiana lutea y Gentiana burseri, está última endemismo pirenaico. Entre las rocas encontramos en la umbría el escaso Sedum hirsutum, o dos especies parecidas y que al final llegamos a diferenciar Silene rupestris y Gypsophila repens. Y por fin aparece en flor, frente a nosotros una mata de Lilium pyrenaicum bien dispuesta a dejarse fotografiar. Un buen momento para levantar la vista y contemplar el valle de Remuñe, que se abre al otro lado del Ésera coronado por el Portal de Remuñe, tras él se esconde a nuestros ojos el Perdiguero.

Ya falta poco para finalizar, nuestra senda nos introduce ahora por unos ríos de rocas que han bajado con los aludes de los contrafuertes del Alba. Es el momento y lugar de buscar la flor de nieve, Leontopodium alpinum. Remontamos algo la senda y vamos encontrando un ajo con aspecto de viejo, al menos a ello se refiere su nombre, Allium senescens, o una campánula cuyas hojas se cierran en forma de cuchara, Campanula cochlearifolia. También alguna felequera de puerto (Pedicularis pyrenaica), más parecida a la que encontramos ayer tarde que a las que hemos visto en la umbría del bosque, también llamada felequera de puerto o hierba de los piojos (Pedicularis foliosa).

Y allí, delante de nosotros aparece la flor de nieve o Edelweiss. El recorrido está siendo rico es especies, pero todavía nos queda alguna otra sorpresa. Tras pasar por unos prados donde abunda Hugueninia tanacetifolia subsp. suffruticosa, endemismo pirenaico-cantábrico y que en Aragón está catalogada como sensible a la alteración de su hábitat. Para vela deberemos desplazarnos al entorno del Hospital de Benasque, único lugar de Aragón donde crece.

Antes de llegar al final del recorrido y justo cuando de nuevo nos refugiamos en la sombra del pino negro, podemos encontrar umbelíferas como Myrrhis odorata, curiosa planta ya que si frotas sus frutos huelen a anís. Junto a ella podemos observar las dos angélicas: Angelica razulii, que ya hemos visto con anterioridad o la Angelica sylvestris, así como alguna mata de Verbascum lychnitis, todavía con un alto grado de estrés causado por nuestro paso junto a ellas.

La senda nos acerca a un resalte rocoso que tenemos a nuestra derecha, justo antes de la bajada que nos llevará hasta el Hospital de Benasque. Colgadas de sus paredes aparecen varias matas de Potentilla nivalis, bajo ella y en el suelo crecen otras dos especies de este género: Potentilla pyrenaica con sus grandes flores amarillas y Potentilla erecta, con sus característicos cuatro pétalos amarillos. Mirando con detenimiento también encontraremos otra potentilla, está de pétalos blancos, Potentilla alchemilloides.

Pero la última sorpresa de la mañana aparece cuando volvemos a recorrer los rellanos y grietas de la roca. Allí se encuentra el ginseng siberiano, Rhodiola rosea. Planta con una gruesa raíz de color rosado que cuando se muele emana un olor a rosas (rhódon=rosa), y que se ha utilizado como estimulante. Esta planta tiene una distribución boreoalpina (Norte de América, Siberia y Europa), siendo Benasque su límite suroccidental y según nos comenta José Vicente, tal vez estas dos matas sean el límite inferior de su rango altitudinal en Aragón.

Antes de continuar la marcha podemos contemplar de lejos los restos del Hospital Viejo. Situado al final de la carretera que nos ha traído desde Benasque, el terreno fue donado en septiembre de 1.172 por el rey Alfonso II a los Hospitalarios para que atendieran a peregrinos y viajeros. Bien merece una visita antes de volver hasta nuestros hogares.

Solo nos queda bajar hasta la carretera y llegarnos al Hospital de Benasque donde daremos por finalizadas estas III Jornadas Botánicas con una comida y entrega del material, pero antes un último alto en el camino para observar en las rocas rezumantes las primeras flores abiertas de la saxífraga amarilla (Saxifraga aizoides).

Dese la Fundación Hospital de Benasque os queremos agrader a los participantes a estas jornados vuestra asistencia y el buen ambiente reinante durante las mismas, e invitaros a las próximas Jornadas a celebrar el año próximo.

No están en estos dos artículos todas las especies que ha ido señalando José Vicente Ferrández durante estos dos días para ello os invitamos a ver el listado de especies.